No me dirijas la palabra,
ya aprendí a estar solo,
a llorar sin molestar,
a hacer canciones cuando lloro.
Soy una mota de polvo
en el cristal de tu visión del mundo.
No quiero más atención de la que estás prestando.
Siempre estoy feliz,
pese a que siempre estoy triste.
Sigo siendo una sola persona y su despiste.
No es una adivinanza,
pero no se hablar más claro
entre cafés y cubatas,
mi timidez y mi descaro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario